Pasó la primavera de mi vida y sigo enamorado...

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"la justicia es ciega, pero no tonta"

jueves, 24 de noviembre de 2011

Miserablemente aCuñada.


Venía la miserable
y se convertía en miseria
todo lo que ella tocaba
por su miserable cuenta.

Miserable su sonrisa
dentuda granada abierta
miserable su peluca
canosa calva alopécica
y miserable su aspecto
de beata pedigueña
que conservaba vestidos
con más años de cincuenta.

Venía la miserable
y la miseria con ella
amontonada y cantante
 avaricia lisonjera
apuntando cada céntimo,
cada cifra, cada décima
en las hojas miserables
de su raída libreta.

Y al pasar la miserable
dejaba un halo de mierda
que al punto se amontonaba
en su abultada despensa
digna de un economato
de los tiempos de la guerra
pero solo para verlo
engordar con su miseria.


Venía la miserable
y por más que se escondiera
de alta costura y calzado
bajo vestidos de seda
era  mona disfrazada
de señora postinera
cuyo aliento miserable
espantaba hasta a las fieras.


Y llegaba hasta tal punto
el nivel de su miseria
que disfrutaba juntando
hasta la antigua peseta
tal era su patrimonio
que al amor le sacó renta
 a la caridad intereses
crédito a la penitencia
llegó a sacarle provecho
a su misma sangre, a cuenta
de miserables cuidados
para enriquecer su hacienda.


Y así como el que no quiere
-las cosas de pordiosera-
fue nadando en la abundancia
pero la fábula enseña
que algún día por más rica
que tu lápida se lea
yacerás sola en el suelo
enterrada en tu miseria.

1 comentario:

  1. comotodos,partiremos cada uno con sus miserias

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